Hablemos de las "expectativas" y otras grandes mentiras

 

Elena salió un sábado por la tarde de marcha con unas amigas, y después de unos cubatas por el barrio madrileño de La Latina fueron todas juntas a un concierto. Antes de entrar, y a causa de la exaltación del amor que producen los cubatas, se acordó de un “amigo” suyo que hacía años que no veía. El tal amigo es un rollete intermitente, primo de una amiga, que se lía con Elena en todas las bodas, y del que hacía tres años que no sabía nada. Decidió enviarle un mensaje muy tranquilito en plan: “Hola, ¿qué tal?, ¿nos tomamos un café un día de estos?”. Una vez enviado el mensaje entró en el concierto, y al rato notó por las vibraciones que la estaban llamando al móvil. Era el chico al que había enviado un mensaje. Le colgó el teléfono, porque hubiese sido imposible hablar con él con el ruido de fondo del concierto. Acto seguido empezó a elevarse lentamente hacía el limbo de las expectativas y se imaginó con él tomando un café en un típico y romántico café madrileño, y por supuesto, en su imaginación, él estaba mucho mejor de lo que ella recordaba. Tenía el cuerpo musculoso, el rostro bronceado, un trabajo genial, le decía lo guapa que estaba y cuántas veces se había acordado de ella durante todos estos años. Al rato, mientras Elena seguía elevándose en medio del estruendo del concierto, otra vibración….era él, la estaba llamando otra vez, y Elena le colgó el teléfono mientras iba elevándose más entre las nubes. En este punto ya se había imaginado con él pasando un fin de semana en la Sierra con su padre, con sus amigas los fines de semana…. eran tan felices… Acto seguido otra vibración, era él otra vez. Le cuelga, hace una pausa mundana, y le envía un mensaje advirtiéndole que estaba en un concierto y que no podía devolverle las llamadas, porque no se oirían, pero que no se preocupase que nada más terminar le llamaba. Le faltó añadir un “cariño” en el mensaje. Una vez pulsado enviar, las nubes volvieron a absorberla y ya se vio con un ramo de flores en el altar.

 

Lo gracioso es que, cuando estábamos hablando de ese momento, le pregunté por las flores y me las describió, luego le pregunté por el vestido, y me lo describió, y cuando le pregunté si estaba guapo el novio… no sabía, se imaginaba sola en el altar, el novio era lo de menos, lo importante era casarse.

 

Cuando salió del concierto llamó a su futuro esposo, y cuando descolgó pudo escuchar la voz de una mujer histérica que la increpaba: “Eres Elena, ¿no?, ¿qué quieres, hablar con Miguel? Tú lo que eres es una zorra….¿Qué te has creído?”. Le pasó al teléfono a un avergonzado Miguel que titubeaba mientras la histérica seguía llamándola “guarra” y cosas similares mucho menos elegantes.

A Elena este chico nunca le ha gustado en demasía, pero daba igual, en su imaginación era el camino al altar, no el camino a una relación madura, seria, tranquila. Es como si te vas de excursión y en vez de disfrutar del camino, de los árboles, de la brisa, del olor a pino, y de ejercitar tu cuerpo, solo piensas en lo que habrá encima de la montaña, o al final del camino. Elena estaba concentrada en lo que podría haber encima de la montaña, en vez de disfrutar del sendero. No disfrutó del concierto, y debido a su desconcentración dejó pasar algunas pistas importantes que solo se manifiestan en el presente. Cuando te concentras en lo que puedes encontrar al final del camino te estás impidiendo a ti mismo estar atento a lo que pasa a tu alrededor.

 

"Vívelo, date la oportunidad

de conocer a la persona que tienes delante y,

si no te gusta, ya saltarás del barco."

 

Sé que esto, para ti, mujer, y no sé si para ti, hombre, es algo difícil. Sé que parece que te estoy pidiendo que no te ilusiones, y seguro que estás pensando que no es malo. Pero este tipo de ilusión generada a partir de infinidad de expectativas sí es mala, porque es imposible que todo, todo, todo ocurra como lo has planeado en tu mente, y porque es imposible disimular lo que sientes. Aunque seas la mejor actriz o el mejor actor del mundo los sentimientos traspasan la piel, y flotan en el ambiente, y si lo que flota en el ambiente es desesperanza, los que se acerquen a ti lo notarán y tendrán ganas de huir.

 

Formarte expectativas te impide dar un paso muy importante en el inicio de una relación, que es conocer a la persona para saber si es o no lo que quieres. Esto no significa, por supuesto, que tengas que someter a la otra persona a un tercer grado, pero sí tienes que vivir con ganas ese momento. Aunque no sea al final el hombre o la mujer de tu vida, al menos disfruta ese tiempo con intensidad, disfruta del sendero. 

 

Vívelo, date la oportunidad de conocer a la persona que tienes delante y, si no te gusta, ya saltarás del barco. Si te alimentas de expectativas, si solo ves la cima de la montaña, si no disfrutas del camino, si no estás atenta a lo que está pasando aquí y ahora verás a tu príncipe azul en cualquier hombre que te encuentres en el camino, para luego descubrir que nada es como te esperabas. Al principio pensarás que cualquier hombre es tu alma gemela y le atribuirás las propiedades que tú has decidido que tiene que tener. Con el tiempo tenderás a compararle con tu ideal y para conseguir lo que quieres intentarás que cambie para que sea lo que tú piensas que tiene que ser. Por el camino te sentirás desgastada, y también desgastarás a tu pareja. Quizás al principio los dos os esforcéis intentando cumplir las expectativas del otro, pero con el tiempo, cuando os relajéis, surgirá la auténtica esencia de cada uno.

 

Al final te sentirás decepcionada y pensarás que ha sido él quién te ha decepcionado, cuando tú habrás sido la única responsable. Quizás también pienses que siempre te pasa lo mismo, y que todas tus relaciones acaban igual. A lo mejor es hora de sacar el espejo y mirarte en él. 

¿Cómo quieres que te quieran a ti? A todos nos gusta que nos acepten tal y como somos, que se tomen tiempo en conocernos, y que no esperen mas de nosotros que lo que podemos, o estamos dispuestos a ofrecer. ¿Y no es de sabios querer a los demás como quieres que te quieran a ti? Cuando conozcas a alguien líbrate de tus expectativas y dedícate a observar, apreciar, y a conocer al otro, permitiéndote y permitiéndole mostrar vuestra propia esencia.

 

No te hagas pajas mentales.

 

Que te llama bien, que no te llama, también. Tú tienes vida propia y lo suficientemente plena como para estar pendiente de nadie, por lo menos de momento, y si lo ves conveniente ya cambiarás tus planes para quedar. ¿Que no te llama? Pues si te apetece hazlo tú, o escribe un mensaje, pero ten en cuenta que al principio de los principios no tienes una relación. Al inicio lo que tienes es un “rollete”, por lo que si estás desesperado o desesperada por volver a ver a la otra persona, esta lo percibirá, y no hay nada menos atractivo que la desesperación, así que ahí estás perdiendo puntos. 

Probablemente este apartado también es mucho más para mujeres que para hombres. Normalmente los hombres no están analizando cada palabra y no tienen ninguna necesidad de contestar a los mensajes de forma inmediata.

 

Yo también he sido una mujer obsesionada por el “me llama o no me llama”. Interpretaba las palabras, las leía una y otra vez, y les leía los mensajes (en aquel tiempo eran sms) a mis amigas para ver si ellas interpretaban lo mismo que yo: si el “ya hablamos” era que sí, o que no, o que tal vez, mientras hacía conjeturas acerca de hasta cuándo tenía que esperar para tener noticias suyas. Y si el mensaje era en inglés, con expresiones que no entendía, ni te cuento el lío. Recuerdo una vez en Londres, estando con unas amigas, cuando un noviete que tenía me puso un mensaje. No recuerdo qué decía exactamente pero ponía entre otras cosas: “foot understand”. Ellas tampoco eran nativas inglesas, por lo que estuvimos buscando en diccionarios, preguntando y analizando qué querría decir esa expresión para poder dar sentido al resto del mensaje. Creo que nos pasamos toda la tarde analizándolo desde distintas perspectivas, hasta que nos dimos cuenta de que probablemente el corrector ortográfico le había jugado una mala pasada y realmente lo que quería poner era “don’t understand” (no entiendo).

 

"el amor romántico desde un punto de vista científico,

lo define como un comportamiento obsesivo que

persigue el objetivo de la crianza de un hijo. "

 

En aquellos momentos aún no había descubierto lo que era ser una soltera de oro, aunque ya me quedaba muy poquito, y recuerdo que me obsesionaba bastante saber cuándo contestar un mensaje, cuánto tiempo tenía que esperar, qué era lo mejor que podía hacer. Luego aprendí a fluir, a dejar que las cosas pasarán, y poco a poco a ser honesta conmigo misma. Y todo fue mucho más fácil. Ya no desperdicié más tardes intentando entender ningún “foot understand”.

Recuerda, no tienes una relación, tienes un regalo, un tiempo para disfrutar, experimentar y decidir. Vividlo, miraros, reíros, jugar, contaros cosas, deciros cosas bonitas y, sobre todo, escucharos, disfrutad del momento.

 

No confundas el amor con el deseo.

 

Creo que este punto también está dedicado a las mujeres. En general, la mayoría de los hombres son mucho más hábiles en distinguir el amor del deseo, pero las mujeres tenemos una cierta tendencia a creer que es lo mismo, influenciadas por el mito del amor a primer a vista y nuestro conocido Cupido. 

 

Helen Fisher (Fisher, 2004), la famosa antropóloga canadiense que ha pasado mas de tres décadas estudiando el amor romántico desde un punto de vista científico, lo define como un comportamiento obsesivo que persigue el objetivo de la crianza de un hijo. 

 

La primera fase de lo que puede desembocar en un amor romántico es el impulso sexual. En esta fase, según Fisher, no nos sentimos atraídos por una sola persona, sino que nuestra atención se dedica a pulular por ahí a ver qué encuentra.

 

La segunda es ya el amor romántico, que lo que pretende es ahorrar energías para no despistarnos del objetivo inicial, la crianza de un hijo según muestran los conocimientos antropológicos. En esta fase, al parecer, nuestra atención está concentrada en una sola persona, y es cuando tendemos a suponer cualidades en nuestra pareja que quizás no posee. Nos vemos obnubilados por el amor, y tendemos a perder de vista nuestra propia esencia para agradar al otro. En las primeras fases de esta segunda etapa es cuando disfrutamos del torrente de hormonas que hace que nos veamos inmersos en la euforia del enamoramiento, nos sentimos más atractivos y notamos las famosas mariposas en el estómago y otros síntomas fisiológicos como temblores o palpitaciones. Nos encontramos despistados y nuestra mente viaja involuntariamente hacia nuestro enamorado. Esta fase dura entre 6 y 18 meses. Para algunos hasta tres años.

 

Es en esta etapa, especialmente al principio, cuando hay que evitar tomar decisiones drásticas que puedan afectar a nuestro futuro de forma definitiva. Si no, acuérdate de alguna vez en la que hayas estado locamente enamorado. ¿Cuál era tu estado? ¿De verdad piensas que era el momento para tomar decisiones con grandes implicaciones? Ese momento es fabuloso, a todos nos encanta enamorarnos, pero conocer mínimamente toma un tiempo, y probablemente nunca conocerás a nadie, ni siquiera a ti mismo, en profundidad.

 

La tercera fase es la del apego. Desaparece la euforia de la etapa previa y aparece un amor más sosegado, afortunadamente, porque, por ejemplo, tener hijos en el estado anterior no permitiría dedicarles la atención necesaria debido a nuestro exaltado estado de ánimo. En esta etapa estamos otra vez expuestos a la aparición de la primera fase, y por lo tanto a experimentar deseos sexuales hacia otras personas, lo que pone en peligro la estabilidad de la pareja. A la vez, la intensidad del sentimiento ha ido mutando y los síntomas fisiológicos han desaparecido. Los adictos al amor pueden pensar que ya no están enamorados porque lo que sienten ahora no se parece en nada a lo que sintieron en las etapas anteriores.

 

Por lo tanto es importante que, al menos por una vez, seamos algo racionales y pensemos en lo que realmente queremos en una pareja, definiendo el tipo de persona que deseamos a nuestro lado. Porque al final el torrente hormonal pasará, y a medida que vayan transcurriendo las etapas del enamoramiento la relación mutará, igual que mutarán los dos integrantes de la pareja. Si aspiramos a tener una pareja estable durante un periodo largo de tiempo, cuanto mejor hayamos tomado la decisión teniendo el raciocinio intacto, más probabilidades tendremos de que nuestra pareja sea lo que queremos. Las dos primeras etapas tienen fecha de caducidad, en cambio la tercera es la que diferencia a las parejas duraderas de las que no lo son, por lo que si eso es lo que queremos, es ahí donde tenemos que invertir toda nuestra sabiduría.

 

Esto no te asegura el éxito. No hacerle caso a lo que te estoy diciendo tampoco te asegura el fracaso. Los factores que intervienen en la vida, en las parejas y en el amor son tantos que nada puede asegurarte una cosa u otra.

 

Tampoco olvidemos que si estamos en la primera fase, la de impulso sexual, no significa que hayamos encontrado a la pareja de nuestra vida. Recuerda que en esta etapa seguimos estando abiertos a sentir atracción sexual por otros, tanto tú como la otra persona, por lo que lo que tenemos en este momento no es en absoluto definitivo. Y tampoco es amor a primera vista, es solo atracción. Si alguien te dice que se enamoró a primera vista y que lleva 20 años con su pareja, fue tan solo cuestión de casualidad. Sintió atracción sexual por otra persona, logró ser correspondida y las siguientes fases se sucedieron con éxito. Nada más.

 

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